lunes, 22 de agosto de 2016

RETAZOS DE UNA VIDA. LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA GABRIEL RENÉ MORENO UNA EXPERIENCIA MÁS EN MI DEAMBULAR POR BOLIVIA.

1994

-Esta es su aula, licenciado... La directora de la carrera de comunicación me había acompañado para mostrarme dónde trabajaría durante el semestre de 1994 con los estudiantes de radio.

El lugar era pequeño: unas cuantas banquetas con el típico apoyo para escribir y una pizarra desgastada, para escribir con tiza… ¿Lo más original? Al fondo de la pequeña aula, un arco de fulbito se apoyaba sobre la pared. ¿Se habría equivocado la directora? La materia de enseñanza que me asignaron era producción de programas de radio, no tácticas de fútbol… Ante mi extrañeza, alguno de los jóvenes se adelantó a explicarme:

-Durante el día sacamos el arco para jugar fulbito en los ratos de descanso y, al atardecer, antes de que termine la jornada, volvemos a guardarla en el aula para que nadie se la lleve…

Esa era la razón, así estábamos comenzando una carrera de comunicación, con radio y arco de fulbito incluido… En el aula había algo más de una docena de jóvenes. Con ellos comenzaría mi trabajo, tres noches por semana durante un semestre ¡de cuatro meses!

Todavía me faltaría otra pequeña y exótica sorpresa. Al acercarme al curso, en la siguiente jornada, encontré junto a la puerta del aula a un chico amarrado a una silla con una soga. En su pecho tenía un letrero escrito a mano: “Te quiero Adelita, y si tú no me correspondes, seguiré aquí amarrado hasta que me des el SÍ”

No podía creerlo… Año 1994, mes de agosto, en el corazón de una universidad, de la que más tarde se repetiría de memoria, como en coro griego, “Casa de Estudios Superiores”. Superiores, sí, pero ahí tenía a la entrada de mi aula a un muchacho enamoradizo, émulo tal vez de esas series románticas baratas que tanto abundan en la televisión de nuestro medio, pretendiendo obtener una respuesta a sus sueños de amor imposible. Era un chantaje afectivo… ¡pero no efectivo! Al poco rato, antes incluso de que entráramos al aula para proseguir las clases con el resto de los estudiantes, llegó la autoridad universitaria y lo desató, lo reprendió por su actitud poco correcta de pretender el amor y ser correspondido… 

El hecho no pasó de ser una anécdota, el joven no era alumno de mi materia y yo, recién llegado a la universidad pública, ni siquiera llegué a conocer a la joven de sus sueños. Lo que sí supe más adelante es que el muchacho no terminó su carrera y dejó los estudios soñando tal vez con encontrar otro amor ilusorio.

Y así, con sorpresas iniciales, luchando por superar la falta de tecnología en una materia que no puede ser puramente teoría, traté de que en la pizarra los estudiantes vieran cómo escribir un libreto radiofónico, cómo practicar lectura y vocalización, sin disponer de micrófonos ni de reporteras. Es decir: tratamos de hacer radio… ¡sin radio! 

De ese primer grupo guardo un especial recuerdo porque ahora, cuando han transcurrido ya 22 años, veo a varios de ellos trabajando en medios radiofónicos o televisivos. Una satisfacción al comprobar que algo haya quedado de lo sembrado en aquella aula, además de los goles que en horas de descanso hacían en el pequeño arco de nuestra carrera.

En honor a aquellos quince primeros estudiantes, y con el aprecio a todas y todos, me permito citar aquí sus nombres:
Arcani, Sixto // Beltrán, Juana // Camacho, Ma. Elena // Columba, Rosa // Cuéllar, Yanetd // Gonzáles, Carolina // Gutiérrez, Aida // Jaimes, Selmy // Lazio, Freddy // Ojopi, Freddy // Pinedo, Daniel // Ríos, Máximo // Ruiz, Gina // Tejerina, Carola // Verazaín, Ma. Fadua.

Con el paso de los años, como es lógico, se pierde la pista de sus vidas: casados ya, trabajando como profesionales en diferentes medios… Lo importante es que cada uno esté realizándose como ser humano y aportando a la comunicación en Santa Cruz.   


miércoles, 18 de mayo de 2016

CAMINO DEL CAMINANTE. Un extra en la historia del caminante.


UNA MIRADA, CINCUENTA AÑOS ATRÁS.


A veces es bueno hacer un alto en el camino para volver la mirada atrás y “al volver la vista atrás  -como diría Machado-  se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”. 

Y eso me ha ocurrido en este mes de mayo de 2016 cuando contemplo el mayo de 1966. Una etapa que pude vivir desde Sucre, en mis primeros andares por esta Bolivia entrañable…



FE Y ALEGRÍA

Un 9 de mayo de 1966 este movimiento de educación popular iniciaba sus primeros pasos en Bolivia. Hace 50 años nacía, como toda nueva vida, de una semilla pequeña. Semilla importada desde Venezuela, gracias a la inspiración de un jesuita, el P. José María Vélaz que, en 1950, había iniciado una experiencia de educación popular.

Y esa semilla, años más tarde llegaría a nuestro país, difundida por otros jesuitas, el P. Víctor Blajot y el Hermano Humberto Portocarrero     -con el apoyo de religiosas-  para fructificar y multiplicarse…  ¿La base inicial de la experiencia? La humildad del pueblo comprometido con el cambio: en La Paz, en la zona de La Portada, el Sr. Octavio Amarro, un trabajador fabril, padre de ocho hijos, cede cinco dependencias de su humilde vivienda para que sean utilizadas como aulas… “Si no se hacen como estos pequeños…”

De igual forma, en Santa Cruz, donde antes no existían ni calles ni menos el asfalto   -fiel al lema de que “Fe y Alegría comienza donde se acaba el asfalto”-  se inició la escuelita de La Merced con apoyo de las religiosas Hijas de Jesús.

Después seguirían Sucre, Potosí, Oruro y Cochabamba. Con campañas y rifas todos en Fe y Alegría  -religiosos, profesores, estudiantes-  colaboraron para conseguir fondos para las escuelas.

    








UNIVERSIDAD CATÓLICA BOLIVIANA (UCB)

En el mismo mes, unos días más tarde, el 14 de mayo de 1966, correspondería también a los jesuitas dar los primeros pasos en la creación de la Universidad Católica, en la ciudad de La Paz. En aquel caso no había familia humilde que entregara parte de su hogar para empezar las clases. Fue el Superior Provincial de la Compañía de Jesús quien cedió su vivienda y el terreno de Següencoma para que se organizara también el primer curso.

No partió la Universidad Católica de una necesidad popular, sino del pedido de la Conferencia Episcopal de Bolivia. Era otro el público al que se iba a atender y muchos jesuitas jóvenes nos oponíamos a ese proyecto.

La obediencia a los obispos pudo más en los primeros años, pero pronto los jesuitas se retiraron de la UCB para que la Conferencia Episcopal designaran a otros una obra que  -sin negar lo meritorio de la enseñanza superior-  no respondía tan directamente a la vocación de la Compañía de Jesús: trabajar con los más marginados, esos que en palabras del actual Papa Francisco son los “descartados” de la sociedad.


¿CONTRASTE O COMPLEMENTO?

Para la celebración de los 50 años, en Fe y Alegría no hubo grandes acontecimientos ni visitas de autoridades. En Santa Cruz ni el alcalde ni el gobernador se hicieron presentes al acto de reconocimiento. La prensa tampoco cubrió un hecho tan importante a pesar de los miles de jóvenes que pasaron por sus aulas y de los más de cien mil adultos que salieron del analfabetismo y estudiaron gracias al Instituto Radiofónico Fe y Alegría.

En cambio, para la celebración de los 50 años de la Universidad Católica llegó desde Roma un representante del Papa y se reunieron en  la catedral diferentes autoridades. La prensa editó incluso una separata resaltando el crecimiento de la universidad en Bolivia: de treinta y un alumnos en 1966 ha pasado a catorce mil…

Como en muchas ocasiones, queda latente una inquietud: ¿Los humildes y marginados de esta sociedad son menos atendidos por esa Iglesia de Cristo Jesús que escogió  -según el Vaticano II y las declaraciones del CELAM-   a los más necesitados? ¿O ambas tareas son acogidas por la Iglesia y se complementan entre sí, desde la alfabetización de gente humilde hasta la titulación de “notables profesionales”?

Las palabras de Francisco son claras y contundentes: “No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten el mensaje. Hoy y siempre, los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio (…). Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos” (La alegría del evangelio, nº 48).

jueves, 25 de febrero de 2016

CAMINO DEL CAMINANTE. Un extra en la historia del caminante.

CAP 3: CURAS CATÓLICOS EN COMUNIDADES ADULTAS



Después de un breve recorrido por La Mancha y por tierras murcianas, faltaba todavía uno de los motivos principales de esta etapa del viaje… A finales de octubre de 2015 estaba previsto un congreso internacional de curas católicos casados, que había de realizarse en la población de Guadarrama, cerca del monasterio de El Escorial, en Madrid.

No vi a ningún delegado de Bolivia, pero sí de otros países. ¿Será, me pregunté, que en Bolivia no existe ningún problema sobre el celibato?

Y recordé al buen obispo de Potosí, el francés monseñor Fey, cuando en una reunión de obispos para elegir al delegado que viajaría al Vaticano para participar en el Sínodo, le comentó al obispo de Cochabamba, monseñor Gutiérrez: “por favor, cuando esté en Roma, no se olvide del tema de los sacerdotes casados porque yo…   -y aquí bajando la voz-   me contentaría con que en mi diócesis los sacerdotes tuvieran una sola mujer!”.



El centro Fray Luis de León, fue el lugar apropiado para encontrarnos todos.

Fueron tres días extraordinarios de una experiencia novedosa ese encuentro con sacerdotes que, desde hace ya treinta años o más, habían dejado el celibato sin por ello renunciar al sacerdocio. 

Un grupo pequeño de sacerdotes que en los años posteriores del concilio Vaticano II, al verse frustrados por la lentitud  -e incluso el olvido-   en la aplicación de los cambios que esperaban de la Iglesia posconciliar, deciden trabajar en pequeñas comunidades, hacer una vida familiar y casarse sin por ello renunciar a un posible trabajo pastoral.

Nace así el MOCEOP, un grupo de creyentes en Jesús de Nazareth  -tal y como como se autodefinen-  surgido en la segunda mitad de los años 70 en torno al fenómeno de los curas casados y a las esperanzas de renovación originadas por el concilio Vaticano II. Aunque en su origen se unieron por el aspecto reivindicativo (celibato opcional), “la evolución histórica y la reflexión comunitaria nos han hecho ir ampliando horizontes y perspectivas. Sentirnos excluidos, acogidos, acompañados, amigos: ésas han sido las fuerzas que nos han aglutinado como grupo”.

Es un movimiento que no pretende cambiar la iglesia, sino vivir en iglesia de otra forma. Una iglesia en construcción y al servicio de las grandes causas del ser humano. Comunidad de creyentes en búsqueda, en solidaridad y en igualdad. 

No están embarcados en algo paralelo ni en confrontación con la iglesia: “Somos iglesia  -reafirma el MOCEOP-   en comunión. En redes. Unirnos siempre que sea posible con otros colectivos afines, para compartir y celebrar nuestra fe”.


La organización es mínima y funcional, unidos por unas cuantas convicciones que consideran básicas:

a) La vida como lugar de la acción de Dios: no las iglesias. La laicidad.

b) La fe en Jesús como Buena Noticia para la humanidad.

c) La Libertad, creatividad y pluralidad de las comunidades de creyentes.

d) La pequeña comunidad como un espacio en el cual vivir la comunión desde la igualdad radical.

e) Los llamados “ministerios eclesiales” como servicios a las personas y a las comunidades; nunca al margen ni por encima de ellas.



Al finalizar el congreso, después de la celebración eucarística, se leyó y aprobó la Declaración Final, que debía ser dada a conocer públicamente el 6 de enero, festividad de la Epifanía. 



Este es el texto final:
Iglesia, comunidades y ministerios

Tras casi cuarenta años de recorrido compartido (7 congresos internacionales, 7 latinoamericanos y otros muchos nacionales), el Movimiento internacional de curas casados  en su actual configuración como Federación Latinoamericana y Federación Europea, tras haberse reunido en un congreso en Guadarrama (Madrid, España), bajo el lema “Curas en unas comunidades adultas”, hemos decidido hacer público este comunicado.

En nuestro origen está la reivindicación de un celibato opcional para los curas de la Iglesia católica de Occidente: libertad que debería ser reconocida y respetada no sólo por ser un derecho humano, sino también porque la opcionalidad (y no la imposición) es más fiel al mensaje liberador de Jesús y a la práctica milenaria de las iglesias, así como por estar íntimamente relacionado con el derecho de las comunidades a tener servidores dedicados a su atención, hoy insuficientemente satisfecho.

Pero nuestro recorrido como colectivo ha ido ampliando esa perspectiva inicial  -que estuvo centrada en torno al celibato- para aspirar y avanzar  hacia un modelo de cura no clerical y un tipo de iglesia no asentada férreamente sobre un cura exclusivamente varón, célibe y clérigo.

Desde esos compromisos, nos atrevemos a decir:

1º.-  Estamos convencidos de que el modelo de cristianismo mayoritariamente imperante está desfasado. Un nuevo tipo de iglesia y de comunidades  es urgente.

2º.- El eje de este nuevo modelo de iglesia debe ser la comunidad, la vida comunitaria de los creyentes en Jesús. Y no podemos ignorar que las estructuras parroquiales en  un gran porcentaje  son dispensarios de  servicios religiosos y cultuales más que comunidades vivas.

3º.-  Es preciso un cambio estructural. Hay una inercia de siglos (Estado Vaticano, curias, leyes, tradiciones…) que actúa como un peso muerto y dificulta cualquier reforma progresiva.

4º.-  Solamente unas comunidades adultas, maduras, pueden llevar a cabo esa transformación estructural necesaria y urgente. La estructura actual -preferentemente centrada en la parroquia y el culto- no tiende sino a perpetuar el  inmovilismo y a adoptar cambios de forma sin ir al fondo.

5º.-  Los curas –sean célibes o no: no es esa la cuestión principal- no pueden seguir concentrando todo en sus personas y pretender asumir todas las tareas y responsabilidades.

6º.-  Esas comunidades adultas existen ya. Son pequeños grupos de dimensiones reducidas, donde sus componentes se conocen, comparten, viven la igualdad, la corresponsabilidad, la fraternidad y sororidad. Tenemos que seguir luchando por ese estilo de comunidades.

7º.- Esas comunidades son libres y ejercen la libertad de los hijos e hijas de Dios; no viven ancladas en el pasado. Su referencia no es la obediencia, sino la creatividad desde la fe. 

8º.- Desde esta óptica, resulta cada vez más contradictoria e injusta la situación de las mujeres: mayoritariamente presentes en la vida eclesial, pero apartadas tradicionalmente de las tareas de estudio, responsabilidad y  gobierno.

9º.- Y, finalmente, es preciso reconocer a estas comunidades el derecho a elegir y encomendar las tareas, servicios y ministerios a las personas que consideren más preparadas y adecuadas para cada tarea, sin distinción de sexo ni de estado.

Este camino no es sencillo.  Somos conscientes de que los compromisos que asumimos, pueden crear problemas: en ocasiones bordeamos la ilegalidad, aunque no por capricho o arbitrariedad; y  sabemos que, con frecuencia, la vida va muy por delante de la normativa legal y que el Espíritu no está sometido a leyes.

Los retos actuales nos exigen abrir caminos de diálogo y encuentro; y en esos campos tan necesitados de cambio, ser creativos, asumir el protagonismo de las comunidades y hacer así realidad aquellas intuiciones y declaraciones del Vaticano II (vida fraterna, solidaria, ecuménica, comprometida por la paz y la justicia con todos los hombres y mujeres de buena voluntad…)  que tanta ilusión despertaron, que fueron arrinconadas como peligrosas y que hoy, con la llegada del papa Francisco, han cobrado actualidad y recuperado su carta de ciudadanía en nuestra Iglesia.

Invitamos a todos los creyentes en Jesús a ser valientes y adentrarse en estas sendas de creatividad, adultez y libertad, para hacer cada día más real el Evangelio de la misericordia y de la responsabilidad ante los seres humanos y ante nuestra Madre Tierra.

6 de enero de 2016.




jueves, 4 de febrero de 2016

CAMINO DEL CAMINANTE. Un extra en la historia del caminante.


CAP. 2: MURCIA EN EL HORIZONTE


El río Segura a su paso por Murcia

Llegar a Murcia, despierta grandes recuerdos y sentimientos imborrables para mí. Si bien soy catalán por nacimiento (di mis primeros alaridos, allá en enero de 1940, en el barcelonés barrio de Sants), sin embargo mi sangre y parte de mis raíces provienen de la hermosa capital de la huerta…

Mis padres habían nacido en  Molina de Segura, un pequeño pueblo situado apenas a 15 kilómetros de Murcia, y allí se conocieron. A la sombra de palmeras plagadas de dátiles, del trigo y de higos chumbos vivieron su juventud. Años más tarde se establecerían en Barcelona y, pasada la guerra civil española, viajaban de tanto en tanto a la tierra murciana para reencontrarse con sus parientes. En uno de esos tantos viajes, coincidiendo con una vacación escolar de verano, fui con ellos y comencé a palpar lo que era la vida de una ciudad distante y distinta de la gran urbe que ya era Barcelona…


Imagen de la pasión. Autor Salzillo
Murcia es la ciudad que dio la vida e inspiración al gran escultor Salzillo, famoso sobre todo por esas obras que representan la pasión de Jesús y que cada año, en semana santa, las sacan en procesión por la calles, como una manifestación de la tradición y cultura católicas que responde más a la época de la España “oficialmente” católica, pero que no dejan de atraer a miles de turistas que contemplan esas obras de arte.




Ahora, en octubre de 2015, transcurridos setenta y cinco años, estaba convencido de que no podría quedar con vida ninguno de aquellos parientes o amigos de mis padres, que ya también habían fallecido.

Vivian Quiroga en Murcia
Sin embargo, en este octubre, después de haber conocido por vez primera rincones de La Mancha, el motivo de mi viaje era reencontrarme con tiempos pasados y, a la vez, visitar a Vivian Quiroga, una exalumna de la carrera de comunicación de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, de Santa Cruz, que desde hace más de diez años se estableció en un pequeño pueblo, Archena, cercano también de la capital murciana.


Monumento a la fundación de Archena



Y en Archena conocí también a otras bolivianas que han formado allí como una pequeña colonia, una pequeña comunidad boliviana  -y casi, casi, cruceña-  enclavada en una región donde realizan un trabajo sacrificado pero que también les ofrece otras recompensas económicas.


Dos días bastaron para revivir rincones y avenidas modernizadas, para pasear por el Malecón, a orillas del río Segura, y para conocer más de cerca cómo viven y trabajan las jóvenes bolivianas.

En el Malecón de Murcia



Me impresionó positivamente conocer cómo se lanzaron desde Bolivia a España, en búsqueda de trabajo y tras el sueño algo utópico de una mejor vida, al menos en el aspecto económico. Algunas han ido asentándose, creando nueva familia y tal vez retornen algún día al suelo cruceño para instalarse en su propia tierra. 



Otras no lo harán, se casaron con españoles, han conocido otras formas de vivir y de organizar su economía, pero todas las jóvenes con las que hablé mantienen en su corazón vivo el amor a este terruño que las vio nacer. 
Despedida de Vivian en Archena

miércoles, 6 de enero de 2016

CAMINO DEL CAMINANTE. Un extra en la historia del caminante.


CAP 1. POR TIERRAS DE LA MANCHA

Todo comenzó con una invitación, por parte de una joven exalumna cruceña radicada ahora y casada con un manchego, a visitar Mota del Cuervo, un lugar del que nunca antes había oído hablar, pero que quedará en mi ya frágil memoria…, pero antes de llegar a La Mancha…


Santa Cruz – Madrid

El 23 de octubre aterrizaba en el aeropuerto de Barajas (ahora renovado su nombre con el rimbombante “Barajas-Adolfo Suárez”) el vuelo de BOA procedente de Santa Cruz. A la puerta de salida, un rostro conocido, casi familiar, o sin el casi si considero a Estíbaliz como mi familia madrileña. Ahí estaba ella para llevarme a su casa, después de acompañar a mi esposa al vuelo de Ryan Air, que la llevaría directamente a Londres mientras yo permanecería unos días por tierras hispanas.

Estibaliz es de esas personas con las que uno se encuentra pocas veces en la vida. Amable y servicial como pocas, sonriente, al servicio de causas nobles, y sobre todo dicharachera, lo cual le añade una simpatía connatural. Nos conocimos allá por el año 1992, cuando ella cursaba últimos años de periodismo en la universidad Complutense de Madrid. Viajó a Santa Cruz para hacer prácticas de periodismo en prensa y televisión; yo dirigía la radio Santa Cruz y por ahí coincidimos en diversos actos. Se hizo amiga de mi familia, la considerábamos como una hija mayor, y ahora supongo que a mí debe de considerarme como el abuelo menor…, además de un buen amigo.

Estíbaliz, junto a Manolo, su esposo y compañero de vida, y Alejandra, su hija querida, conforman un hogar al que da gusto llegar para constatar que en Madrid hay afabilidad y acogida sea cual la procedencia del visitante. En mi caso, como catalán y boliviano, me siento como en mi propio hogar… Ah!, y no hay que olvidar a Bella, esa simpática perrita, que acompaña a la familia y no deja de lamerme sobre todo cuando me siento a la mesa para comer… El instinto canino es incomprensible y sabe qué carita poner o qué gemidos emitir para que le des un poco de tu plato… Ah!, Bella, Bella…, tú no puedes faltar en ese hogar donde hay música, calor humano y sentimiento perruno…

Por las tierras del Quijote

El sábado 24, me recoge una exalumna cruceña, Lidia Tapia, con su esposo José, para ir a Mota del Cuervo, donde habíamos programado con otra exalumna, Ali Fuentes y su esposo, Pedro López, quedarme a dormir en su casa.

En una hora y media en auto desde Madrid, realizamos la travesía que a don Quijote le habría llevado días… Un alto en el pueblo del Toboso, la visita a un museo y el siempre necesario descanso para comer en la posada de Aldonza. Lidia y José se esmeran por hacerme conocer lo que Cervantes creó con su pluma y les dio vida para la historia…  Las calles del pueblito, las pintorescas casas y la típica comida manchega, todo encierra el sabor de aquel ilustre caballero de la triste figura.

Un dormitorio para descansar y escribir
El viaje continúa hasta Mota del Cuervo, en donde nos espera Ali y Pedro López, su esposo. El encuentro con Ali es cordial, cercano, como si hubiéramos mantenido una gran amistad desde la universidad y sin embargo..., apenas la recuerdo de la época universitaria. Esta relación con antiguos estudiantes se producirá en casi todos los encuentros: jóvenes que me conocieron en clase, a los que he olvidado o me quedan muy en el penumbra de mi memoria y que, por el contrario, me demostrarán un gran cariño.

Así sería la casa del Quijote


Esta situación la vivo con Lidia Tapia y con Ali Fuentes, y se repetirá con Ximena Camacho, Nataly Echalar, Karen Masai… Antes de iniciar el viaje eran tan solo nombres como lo son cientos de estudiantes conocidos desde que en 1991 inicié mi paso por la universidad; el profesor no puede retener tantos rostros, tantos nombres, tan variados momentos vividos en en las aulas y fuera de ellas. Universidad Nur, la UPSA, Universidad Gabriel René Moreno… En algún encuentro tengo que esperar a que fluya 
la conversación para deducir de cuál universidad procede tal persona…

Con Lidia y Ali al inicio del encuentro
Para el estudiante la situación es distinta: han visto a un profesor, se le queda en su conciencia un hecho concreto, una palabra pronunciada en otro momento, una sonrisa, una felicitación por la tarea realizada o incluso…, la llamada de atención  -como en el caso de una joven, que encuentro un día en una clínica y me recuerda que en una ocasión la expulsé de clase-. Pero el tiempo ha sublimado muchos recuerdos, la distancia para quienes han dejado su país y se abren paso en la vida agranda las bondades, minimiza los malos momentos, y el encuentro se produce con una alegría, que se funde en abrazos de cariño y sonrisas por ese presente. Para mí, cada encuentro realizado en este viaje me significa una pequeña resurrección, da un sentido a mi vida de docente y me abre el horizonte hacia otras posibilidades de trabajo y comunicación…


Al pie de un antiguo molino de viento


Mientras visitamos los molinos de viento contra los que quiso pelear el Quijote, y al acercarme a las armaduras y aposentos de Miguel de Cervantes, me iban envolviendo esos pensamientos.















El paseo por la laguna de Manjavacas y la visita a la ermita del mismo nombre, el castillo de Belmonte, la casona de la Beltraneja, todo ello cobra un nuevo sentido porque juntos a ese pasado están ahí Alí y Pedro, Lidia y José, y con ellos a través de la conversación, de las risas y el recuerdo, afloran nombres y rostros de otros compañeros y compañeras de estudio que se encuentran dispersos en otras ciudades españolas: Madrid, Barcelona, Bilbao, Murcia, Valencia, Alicante… 
Castillo de Belmonte

Terminado el recorrido por el inmenso Castillo de Belmonte, compartimos una agradable comida. Un hasta luego, no un adiós se reflejaba en los rostros de todos, incluso en el de la cámara fotogràfica, que por razones obvias no aparece en estas imágenes...

Lidia y esposo; Ali y esposo; dos bolivianas y dos españoles que realizan su propio camino por la Castilla española.