jueves, 25 de febrero de 2016

CAMINO DEL CAMINANTE. Un extra en la historia del caminante.

CAP 3: CURAS CATÓLICOS EN COMUNIDADES ADULTAS



Después de un breve recorrido por La Mancha y por tierras murcianas, faltaba todavía uno de los motivos principales de esta etapa del viaje… A finales de octubre de 2015 estaba previsto un congreso internacional de curas católicos casados, que había de realizarse en la población de Guadarrama, cerca del monasterio de El Escorial, en Madrid.

No vi a ningún delegado de Bolivia, pero sí de otros países. ¿Será, me pregunté, que en Bolivia no existe ningún problema sobre el celibato?

Y recordé al buen obispo de Potosí, el francés monseñor Fey, cuando en una reunión de obispos para elegir al delegado que viajaría al Vaticano para participar en el Sínodo, le comentó al obispo de Cochabamba, monseñor Gutiérrez: “por favor, cuando esté en Roma, no se olvide del tema de los sacerdotes casados porque yo…   -y aquí bajando la voz-   me contentaría con que en mi diócesis los sacerdotes tuvieran una sola mujer!”.



El centro Fray Luis de León, fue el lugar apropiado para encontrarnos todos.

Fueron tres días extraordinarios de una experiencia novedosa ese encuentro con sacerdotes que, desde hace ya treinta años o más, habían dejado el celibato sin por ello renunciar al sacerdocio. 

Un grupo pequeño de sacerdotes que en los años posteriores del concilio Vaticano II, al verse frustrados por la lentitud  -e incluso el olvido-   en la aplicación de los cambios que esperaban de la Iglesia posconciliar, deciden trabajar en pequeñas comunidades, hacer una vida familiar y casarse sin por ello renunciar a un posible trabajo pastoral.

Nace así el MOCEOP, un grupo de creyentes en Jesús de Nazareth  -tal y como como se autodefinen-  surgido en la segunda mitad de los años 70 en torno al fenómeno de los curas casados y a las esperanzas de renovación originadas por el concilio Vaticano II. Aunque en su origen se unieron por el aspecto reivindicativo (celibato opcional), “la evolución histórica y la reflexión comunitaria nos han hecho ir ampliando horizontes y perspectivas. Sentirnos excluidos, acogidos, acompañados, amigos: ésas han sido las fuerzas que nos han aglutinado como grupo”.

Es un movimiento que no pretende cambiar la iglesia, sino vivir en iglesia de otra forma. Una iglesia en construcción y al servicio de las grandes causas del ser humano. Comunidad de creyentes en búsqueda, en solidaridad y en igualdad. 

No están embarcados en algo paralelo ni en confrontación con la iglesia: “Somos iglesia  -reafirma el MOCEOP-   en comunión. En redes. Unirnos siempre que sea posible con otros colectivos afines, para compartir y celebrar nuestra fe”.


La organización es mínima y funcional, unidos por unas cuantas convicciones que consideran básicas:

a) La vida como lugar de la acción de Dios: no las iglesias. La laicidad.

b) La fe en Jesús como Buena Noticia para la humanidad.

c) La Libertad, creatividad y pluralidad de las comunidades de creyentes.

d) La pequeña comunidad como un espacio en el cual vivir la comunión desde la igualdad radical.

e) Los llamados “ministerios eclesiales” como servicios a las personas y a las comunidades; nunca al margen ni por encima de ellas.



Al finalizar el congreso, después de la celebración eucarística, se leyó y aprobó la Declaración Final, que debía ser dada a conocer públicamente el 6 de enero, festividad de la Epifanía. 



Este es el texto final:
Iglesia, comunidades y ministerios

Tras casi cuarenta años de recorrido compartido (7 congresos internacionales, 7 latinoamericanos y otros muchos nacionales), el Movimiento internacional de curas casados  en su actual configuración como Federación Latinoamericana y Federación Europea, tras haberse reunido en un congreso en Guadarrama (Madrid, España), bajo el lema “Curas en unas comunidades adultas”, hemos decidido hacer público este comunicado.

En nuestro origen está la reivindicación de un celibato opcional para los curas de la Iglesia católica de Occidente: libertad que debería ser reconocida y respetada no sólo por ser un derecho humano, sino también porque la opcionalidad (y no la imposición) es más fiel al mensaje liberador de Jesús y a la práctica milenaria de las iglesias, así como por estar íntimamente relacionado con el derecho de las comunidades a tener servidores dedicados a su atención, hoy insuficientemente satisfecho.

Pero nuestro recorrido como colectivo ha ido ampliando esa perspectiva inicial  -que estuvo centrada en torno al celibato- para aspirar y avanzar  hacia un modelo de cura no clerical y un tipo de iglesia no asentada férreamente sobre un cura exclusivamente varón, célibe y clérigo.

Desde esos compromisos, nos atrevemos a decir:

1º.-  Estamos convencidos de que el modelo de cristianismo mayoritariamente imperante está desfasado. Un nuevo tipo de iglesia y de comunidades  es urgente.

2º.- El eje de este nuevo modelo de iglesia debe ser la comunidad, la vida comunitaria de los creyentes en Jesús. Y no podemos ignorar que las estructuras parroquiales en  un gran porcentaje  son dispensarios de  servicios religiosos y cultuales más que comunidades vivas.

3º.-  Es preciso un cambio estructural. Hay una inercia de siglos (Estado Vaticano, curias, leyes, tradiciones…) que actúa como un peso muerto y dificulta cualquier reforma progresiva.

4º.-  Solamente unas comunidades adultas, maduras, pueden llevar a cabo esa transformación estructural necesaria y urgente. La estructura actual -preferentemente centrada en la parroquia y el culto- no tiende sino a perpetuar el  inmovilismo y a adoptar cambios de forma sin ir al fondo.

5º.-  Los curas –sean célibes o no: no es esa la cuestión principal- no pueden seguir concentrando todo en sus personas y pretender asumir todas las tareas y responsabilidades.

6º.-  Esas comunidades adultas existen ya. Son pequeños grupos de dimensiones reducidas, donde sus componentes se conocen, comparten, viven la igualdad, la corresponsabilidad, la fraternidad y sororidad. Tenemos que seguir luchando por ese estilo de comunidades.

7º.- Esas comunidades son libres y ejercen la libertad de los hijos e hijas de Dios; no viven ancladas en el pasado. Su referencia no es la obediencia, sino la creatividad desde la fe. 

8º.- Desde esta óptica, resulta cada vez más contradictoria e injusta la situación de las mujeres: mayoritariamente presentes en la vida eclesial, pero apartadas tradicionalmente de las tareas de estudio, responsabilidad y  gobierno.

9º.- Y, finalmente, es preciso reconocer a estas comunidades el derecho a elegir y encomendar las tareas, servicios y ministerios a las personas que consideren más preparadas y adecuadas para cada tarea, sin distinción de sexo ni de estado.

Este camino no es sencillo.  Somos conscientes de que los compromisos que asumimos, pueden crear problemas: en ocasiones bordeamos la ilegalidad, aunque no por capricho o arbitrariedad; y  sabemos que, con frecuencia, la vida va muy por delante de la normativa legal y que el Espíritu no está sometido a leyes.

Los retos actuales nos exigen abrir caminos de diálogo y encuentro; y en esos campos tan necesitados de cambio, ser creativos, asumir el protagonismo de las comunidades y hacer así realidad aquellas intuiciones y declaraciones del Vaticano II (vida fraterna, solidaria, ecuménica, comprometida por la paz y la justicia con todos los hombres y mujeres de buena voluntad…)  que tanta ilusión despertaron, que fueron arrinconadas como peligrosas y que hoy, con la llegada del papa Francisco, han cobrado actualidad y recuperado su carta de ciudadanía en nuestra Iglesia.

Invitamos a todos los creyentes en Jesús a ser valientes y adentrarse en estas sendas de creatividad, adultez y libertad, para hacer cada día más real el Evangelio de la misericordia y de la responsabilidad ante los seres humanos y ante nuestra Madre Tierra.

6 de enero de 2016.




jueves, 4 de febrero de 2016

CAMINO DEL CAMINANTE. Un extra en la historia del caminante.


CAP. 2: MURCIA EN EL HORIZONTE


El río Segura a su paso por Murcia

Llegar a Murcia, despierta grandes recuerdos y sentimientos imborrables para mí. Si bien soy catalán por nacimiento (di mis primeros alaridos, allá en enero de 1940, en el barcelonés barrio de Sants), sin embargo mi sangre y parte de mis raíces provienen de la hermosa capital de la huerta…

Mis padres habían nacido en  Molina de Segura, un pequeño pueblo situado apenas a 15 kilómetros de Murcia, y allí se conocieron. A la sombra de palmeras plagadas de dátiles, del trigo y de higos chumbos vivieron su juventud. Años más tarde se establecerían en Barcelona y, pasada la guerra civil española, viajaban de tanto en tanto a la tierra murciana para reencontrarse con sus parientes. En uno de esos tantos viajes, coincidiendo con una vacación escolar de verano, fui con ellos y comencé a palpar lo que era la vida de una ciudad distante y distinta de la gran urbe que ya era Barcelona…


Imagen de la pasión. Autor Salzillo
Murcia es la ciudad que dio la vida e inspiración al gran escultor Salzillo, famoso sobre todo por esas obras que representan la pasión de Jesús y que cada año, en semana santa, las sacan en procesión por la calles, como una manifestación de la tradición y cultura católicas que responde más a la época de la España “oficialmente” católica, pero que no dejan de atraer a miles de turistas que contemplan esas obras de arte.




Ahora, en octubre de 2015, transcurridos setenta y cinco años, estaba convencido de que no podría quedar con vida ninguno de aquellos parientes o amigos de mis padres, que ya también habían fallecido.

Vivian Quiroga en Murcia
Sin embargo, en este octubre, después de haber conocido por vez primera rincones de La Mancha, el motivo de mi viaje era reencontrarme con tiempos pasados y, a la vez, visitar a Vivian Quiroga, una exalumna de la carrera de comunicación de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, de Santa Cruz, que desde hace más de diez años se estableció en un pequeño pueblo, Archena, cercano también de la capital murciana.


Monumento a la fundación de Archena



Y en Archena conocí también a otras bolivianas que han formado allí como una pequeña colonia, una pequeña comunidad boliviana  -y casi, casi, cruceña-  enclavada en una región donde realizan un trabajo sacrificado pero que también les ofrece otras recompensas económicas.


Dos días bastaron para revivir rincones y avenidas modernizadas, para pasear por el Malecón, a orillas del río Segura, y para conocer más de cerca cómo viven y trabajan las jóvenes bolivianas.

En el Malecón de Murcia



Me impresionó positivamente conocer cómo se lanzaron desde Bolivia a España, en búsqueda de trabajo y tras el sueño algo utópico de una mejor vida, al menos en el aspecto económico. Algunas han ido asentándose, creando nueva familia y tal vez retornen algún día al suelo cruceño para instalarse en su propia tierra. 



Otras no lo harán, se casaron con españoles, han conocido otras formas de vivir y de organizar su economía, pero todas las jóvenes con las que hablé mantienen en su corazón vivo el amor a este terruño que las vio nacer. 
Despedida de Vivian en Archena

miércoles, 6 de enero de 2016

CAMINO DEL CAMINANTE. Un extra en la historia del caminante.


CAP 1. POR TIERRAS DE LA MANCHA

Todo comenzó con una invitación, por parte de una joven exalumna cruceña radicada ahora y casada con un manchego, a visitar Mota del Cuervo, un lugar del que nunca antes había oído hablar, pero que quedará en mi ya frágil memoria…, pero antes de llegar a La Mancha…


Santa Cruz – Madrid

El 23 de octubre aterrizaba en el aeropuerto de Barajas (ahora renovado su nombre con el rimbombante “Barajas-Adolfo Suárez”) el vuelo de BOA procedente de Santa Cruz. A la puerta de salida, un rostro conocido, casi familiar, o sin el casi si considero a Estíbaliz como mi familia madrileña. Ahí estaba ella para llevarme a su casa, después de acompañar a mi esposa al vuelo de Ryan Air, que la llevaría directamente a Londres mientras yo permanecería unos días por tierras hispanas.

Estibaliz es de esas personas con las que uno se encuentra pocas veces en la vida. Amable y servicial como pocas, sonriente, al servicio de causas nobles, y sobre todo dicharachera, lo cual le añade una simpatía connatural. Nos conocimos allá por el año 1992, cuando ella cursaba últimos años de periodismo en la universidad Complutense de Madrid. Viajó a Santa Cruz para hacer prácticas de periodismo en prensa y televisión; yo dirigía la radio Santa Cruz y por ahí coincidimos en diversos actos. Se hizo amiga de mi familia, la considerábamos como una hija mayor, y ahora supongo que a mí debe de considerarme como el abuelo menor…, además de un buen amigo.

Estíbaliz, junto a Manolo, su esposo y compañero de vida, y Alejandra, su hija querida, conforman un hogar al que da gusto llegar para constatar que en Madrid hay afabilidad y acogida sea cual la procedencia del visitante. En mi caso, como catalán y boliviano, me siento como en mi propio hogar… Ah!, y no hay que olvidar a Bella, esa simpática perrita, que acompaña a la familia y no deja de lamerme sobre todo cuando me siento a la mesa para comer… El instinto canino es incomprensible y sabe qué carita poner o qué gemidos emitir para que le des un poco de tu plato… Ah!, Bella, Bella…, tú no puedes faltar en ese hogar donde hay música, calor humano y sentimiento perruno…

Por las tierras del Quijote

El sábado 24, me recoge una exalumna cruceña, Lidia Tapia, con su esposo José, para ir a Mota del Cuervo, donde habíamos programado con otra exalumna, Ali Fuentes y su esposo, Pedro López, quedarme a dormir en su casa.

En una hora y media en auto desde Madrid, realizamos la travesía que a don Quijote le habría llevado días… Un alto en el pueblo del Toboso, la visita a un museo y el siempre necesario descanso para comer en la posada de Aldonza. Lidia y José se esmeran por hacerme conocer lo que Cervantes creó con su pluma y les dio vida para la historia…  Las calles del pueblito, las pintorescas casas y la típica comida manchega, todo encierra el sabor de aquel ilustre caballero de la triste figura.

Un dormitorio para descansar y escribir
El viaje continúa hasta Mota del Cuervo, en donde nos espera Ali y Pedro López, su esposo. El encuentro con Ali es cordial, cercano, como si hubiéramos mantenido una gran amistad desde la universidad y sin embargo..., apenas la recuerdo de la época universitaria. Esta relación con antiguos estudiantes se producirá en casi todos los encuentros: jóvenes que me conocieron en clase, a los que he olvidado o me quedan muy en el penumbra de mi memoria y que, por el contrario, me demostrarán un gran cariño.

Así sería la casa del Quijote


Esta situación la vivo con Lidia Tapia y con Ali Fuentes, y se repetirá con Ximena Camacho, Nataly Echalar, Karen Masai… Antes de iniciar el viaje eran tan solo nombres como lo son cientos de estudiantes conocidos desde que en 1991 inicié mi paso por la universidad; el profesor no puede retener tantos rostros, tantos nombres, tan variados momentos vividos en en las aulas y fuera de ellas. Universidad Nur, la UPSA, Universidad Gabriel René Moreno… En algún encuentro tengo que esperar a que fluya 
la conversación para deducir de cuál universidad procede tal persona…

Con Lidia y Ali al inicio del encuentro
Para el estudiante la situación es distinta: han visto a un profesor, se le queda en su conciencia un hecho concreto, una palabra pronunciada en otro momento, una sonrisa, una felicitación por la tarea realizada o incluso…, la llamada de atención  -como en el caso de una joven, que encuentro un día en una clínica y me recuerda que en una ocasión la expulsé de clase-. Pero el tiempo ha sublimado muchos recuerdos, la distancia para quienes han dejado su país y se abren paso en la vida agranda las bondades, minimiza los malos momentos, y el encuentro se produce con una alegría, que se funde en abrazos de cariño y sonrisas por ese presente. Para mí, cada encuentro realizado en este viaje me significa una pequeña resurrección, da un sentido a mi vida de docente y me abre el horizonte hacia otras posibilidades de trabajo y comunicación…


Al pie de un antiguo molino de viento


Mientras visitamos los molinos de viento contra los que quiso pelear el Quijote, y al acercarme a las armaduras y aposentos de Miguel de Cervantes, me iban envolviendo esos pensamientos.















El paseo por la laguna de Manjavacas y la visita a la ermita del mismo nombre, el castillo de Belmonte, la casona de la Beltraneja, todo ello cobra un nuevo sentido porque juntos a ese pasado están ahí Alí y Pedro, Lidia y José, y con ellos a través de la conversación, de las risas y el recuerdo, afloran nombres y rostros de otros compañeros y compañeras de estudio que se encuentran dispersos en otras ciudades españolas: Madrid, Barcelona, Bilbao, Murcia, Valencia, Alicante… 
Castillo de Belmonte

Terminado el recorrido por el inmenso Castillo de Belmonte, compartimos una agradable comida. Un hasta luego, no un adiós se reflejaba en los rostros de todos, incluso en el de la cámara fotogràfica, que por razones obvias no aparece en estas imágenes...

Lidia y esposo; Ali y esposo; dos bolivianas y dos españoles que realizan su propio camino por la Castilla española.


lunes, 14 de diciembre de 2015

CAMINO DEL CAMINANTE. Un extra en la historia del caminante. 1ª Parte.

CAP 1. POR TIERRAS DE LA MANCHA

Todo comenzó con una invitación, por parte de una joven exalumna cruceña  -radicada ahora en España y casada con un manchego- a visitar Mota del Cuervo, un lugar del que nunca antes había oído hablar, pero que quedará en mi ya frágil memoria…, pero antes de llegar a La Mancha…

Santa Cruz – Madrid

El 23 de octubre aterrizaba en el aeropuerto de Barajas (ahora renovado su nombre con el rimbombante “Barajas-Adolfo Suárez”) el vuelo de BOA procedente de Santa Cruz. A la puerta de salida, un rostro conocido, casi familiar, o sin el casi si considero a Estíbaliz como mi familia madrileña. Ahí estaba ella para llevarme a su casa, después de acompañar a mi esposa al vuelo de Ryan Air, que la llevaría directamente a Londres mientras yo permanecería unos días por tierras hispanas.

Estibaliz es de esas personas con las que uno se encuentra pocas veces en la vida. Amable y servicial como pocas, sonriente, al servicio de causas nobles, y sobre todo dicharachera, lo cual le añade una simpatía connatural. Nos conocimos allá por el año 1992, cuando ella cursaba últimos años de periodismo en la universidad Complutense de Madrid. Viajó a Santa Cruz para hacer prácticas de periodismo en prensa y televisión; yo dirigía la radio Santa Cruz y por ahí coincidimos en diversos actos. Se hizo amiga de mi familia, la considerábamos como una hija mayor, y ahora supongo que a mí debe de considerarme como el abuelo menor…, además de un buen amigo.

Estíbaliz, junto a Manolo, su esposo y compañero de vida, y Alejandra, su hija querida, conforman un hogar al que da gusto llegar para constatar que en Madrid hay afabilidad y acogida sea cual la procedencia del visitante. En mi caso, como catalán y boliviano, me siento como en mi propio hogar… Ah!, y no hay que olvidar a Bella, esa simpática perrita, que acompaña a la familia y no deja de lamerme sobre todo cuando me siento a la mesa para comer… El instinto canino es incomprensible y sabe qué carita poner o qué gemidos emitir para que le des un poco de tu plato… Ah!, Bella, Bella…, tú no puedes faltar en ese hogar donde hay música, calor humano y sentimiento perruno…

Por las tierras del Quijote

El sábado 24, me recoge una exalumna cruceña, Lidia Tapia, con su esposo José, para ir a Mota del Cuervo, donde habíamos programado con otra exalumna, Ali Fuentes y su esposo, Pedro López, quedarme a dormir en su casa.

En una hora y media en auto desde Madrid, realizamos la travesía que a don Quijote le habría llevado días… Un alto en el pueblo del Toboso, la visita a un museo y el siempre necesario descanso para comer en la posada de Aldonza. Lidia y José se esmeran por hacerme conocer lo que Cervantes creó con su pluma y les dio vida para la historia…  Las calles del pueblito, las pintorescas casas y la típica comida manchega, todo encierra el sabor de aquel ilustre caballero de la triste figura.

El viaje continúa hasta Mota del Cuervo, en donde nos espera Ali y Pedro López, su esposo. El encuentro con Ali es cordial, cercano, como si hubiéramos mantenido una gran amistad desde la universidad y sin embargo…, apenas la recuerdo de la época universitaria. Esta relación con antiguos estudiantes se producirá en casi todos los encuentros: jóvenes que me conocieron en clase, a los que he olvidado o me quedan muy en el penumbra de mi memoria y que, por el contrario, me demostrarán un gran cariño.
Esta situación la vivo con Lidia Tapia y con Ali Fuentes, y se repetirá con Ximena Camacho, Nataly Echalar, Karen Masai… Antes de iniciar el viaje eran tan solo nombres como lo son cientos de estudiantes conocidos desde que en 1991 inicié mi paso por la universidad; el profesor no puede retener tantos rostros, tantos nombres, tan variados momentos vividos en en las aulas y fuera de ellas. Universidad Nur, la UPSA, Universidad Gabriel René Moreno… En algún encuentro tengo que esperar a que fluya la conversación para deducir de cuál universidad procede tal persona…

Para el estudiante la situación es distinta: han visto a un profesor, se le queda en su conciencia un hecho concreto, una palabra pronunciada en otro momento, una sonrisa, una felicitación por la tarea realizada o incluso…, la llamada de atención  -como en el caso de una joven, que encuentro un día en una clínica y me recuerda que en una ocasión la expulsé de clase-. Pero el tiempo ha sublimado muchos recuerdos, la distancia para quienes han dejado su país y se abren paso en la vida agranda las bondades, minimiza los malos momentos, y el encuentro se produce con una alegría, que se funde en abrazos de cariño y sonrisas por ese presente. 

Para mí, cada encuentro realizado en este viaje me significa una pequeña resurrección, da un sentido a mi vida de docente y me abre el horizonte hacia otras posibilidades de trabajo y comunicación…
Mientras visitamos los molinos de viento contra los que quiso pelear el Quijote, y al acercarme a las armaduras y aposentos de Miguel de Cervantes, me iban envolviendo esos pensamientos.

http://repositorio.turismocastillalamancha.com/miscelanea/170645/49/25b0/castillo-de-belmonte.jpgEl paseo por la laguna de Manjavacas y la visita a la ermita del mismo nombre, el castillo de Belmonte, la casona de la Beltraneja, todo ello cobra un nuevo sentido porque juntos a ese pasado están ahí Alí y Pedro, Lidia y José, y con ellos a través de la conversación, de las risas y el recuerdo, afloran nombres y rostros de otros compañeros y compañeras de estudio que se encuentran dispersos en otras ciudades españolas: Madrid, Barcelona, Bilbao, Murcia, Valencia, Alicante… 




Terminado el recorrido por el inmenso Castillo de Belmonte, compartimos una agradable comida. Un hasta luego, no un adiós, se reflejaba en los rostros de todos, incluso en el de la cámara fotográfica, que por razones obvias no aparece en estas imágenes...



miércoles, 21 de octubre de 2015

RETAZOS DE UNA VIDA. Cap. 19: Una época convulsionada.

El viaje por Europa, en septiembre – octubre de 1973, no había obtenido un gran resultado con la visita al Vaticano.
Se truncaban las esperanzas de la ordenación de sacerdotes aymaras casados.


Obispo Adhemar y María Pedro


Un almuerzo ligero con salchichas, un apretón de manos amigable y fin de las visitas en Europa: María Pedro regresaría a Bolivia pasando antes por Estados Unidos de América. El obispo Adhemar Esquivel deseaba volver pronto a Bolivia. Yo me concedí unos días de descanso y aproveché para regresar a Bolivia vía México.



Luego nos reencontraríamos todos, pero sin olvidar que, con el golpe militar del 19 de agosto de 1971, se había iniciado una etapa marcada por persecución política, golpes de estado (con unos breves paréntesis), narcotráfico y endeudamiento económico, que se extendería hasta octubre de 1982 con el retorno de gobiernos democráticamente elegidos.




El manifiesto de los 99

Los años de la dictadura de Bánzer no fueron fáciles para quienes no opinaban como los militares. Desde radio Fides y en el periódico Presencia, el jesuita Luis Espinal denunciaba las detenciones arbitrarias, la cárcel, torturas y confinamiento… Un gran abogado, valiente y luchador, Morales Dávila, seguía la misma línea junto con otros valientes defensores de la vida y de los derechos humanos.

En las minas destacaba una gran mujer, Domitila Chungara[1], que fue apresada y torturada, pero siempre se mantuvo fiel a sus principios. Entre las religiosas se destacaron unas colombianas que recibieron en su convento a un grupo de militantes del ELN, que se sabían perseguidos por los organismos de represión. Llegaron a las puertas de la casa religiosa, en pleno centro de La Paz, y recibieron refugio. Sin embargo, iban armados. Eso comprometía a las monjas. Tampoco podían dejarlos en la calle porque serían exterminados.

¿La solución? Había que ocultar las armas dentro del mismo convento. Y con gran valor, al mismo tiempo que algo de ingenuidad, levantaron un falso tabique dentro de una habitación y ahí colocaron las armas. Esa noche estucaron la pared, la pintaron…, pero toda la obra de “albañilería” estaba fresca. Cuando los militares irrumpieron en el convento, golpeando las paredes, no tardaron en encontrar la falsa pared. A golpe de culatazos abrieron un boquete y dentro aparecieron las armas. Los titulares de la prensa del día siguiente difundieron las denuncias del gobierno con fotografías de las armas: “¡Las monjas protegen a los comunistas!”.

La superiora de la congregación y otra hermana fueron expulsadas. El resto de la comunidad permanecería en La Paz, vigiladas atentamente por la DOP[2].

Ante esa serie de atropellos, un grupo de ciudadanos  -religiosos en su mayor parte y laicos también-  firmamos un manifiesto en favor de la libertad y contra la dictadura: éramos noventa y nueve los firmantes, de ahí el nombre de “Manifiesto de los 99”. Al día siguiente, el Ministro del Interior, Mario Adett Zamora, declaró ante la prensa que los 99 podíamos ir preparando nuestros pasaportes porque seríamos expulsados del país.

Sin embargo, el ministro fue cesado en sus funciones unos días después  -abril de 1973-  y, en su lugar, asumió el cargo el abogado Alfredo Arce Carpio, por tan sólo veintiocho días, pero suficientes para suavizar las asperezas con la iglesia católica.

El sello rojo

En el año 1966 me había nacionalizado boliviano y con pasaporte boliviano viajaba…, hasta que durante el gobierno de Bánzer tuve que ir a Barcelona. En teoría no debía haber ningún problema puesto que yo entraría a España como turista boliviano.

El problema se me presentó al intentar regresar. La dictadura había ideado una forma más, entre otras, de controlar a los ciudadanos: para viajar al exterior había que solicitar en el Ministerio del Interior la visa de salida. Después de un par de días entregaban el pasaporte con el sello que autorizaba el viaje, pero..., para regresar, había que ir a un consulado boliviano y solicitar el sello de retorno (sin él, no se permitía la entrada al país). 

Con la alegría de saber que ya iba a volver, todo sonriente me dirigí al consulado de Bolivia en Barcelona. Mi sonrisa se transformó en un semblante de estupor cuando el cónsul me dijo que no podía regresar: “¿Yo era indeseable? ¿Había hecho algo malo? No lo sé   -me respondió el cónsul-   pero la visa de salida que le dio el Ministerio, en La Paz, es de color rojo. Eso significa que no quieren que regrese”.

¡Así había sido! El “famoso” sellito rojo era la contraseña para que los cónsules, en cualquier ciudad del mundo, negasen el sello de reingreso a Bolivia. Así se incrementaba el exilio… Además de la molestia por saber que tenía que quedarme en España, mi rabia era mayor por no haberme dado cuenta antes, al momento de salir. Pero, ironías de la naturaleza humana, resulta que ¡soy daltónico! Era imposible que distinguiera el color de la visa que me estamparon en mi pasaporte…

Hecha la ley, hecha la trampa. Consulté con amigos y me dijeron que lo mejor era pedir un pasaporte español, indicando que había perdido el anterior. Y con pasaporte nuevo, sin sellos ni colores, regresé a Bolivia, ya no como ciudadano nacionalizado, sino como turista español.

Una vez en La Paz, consultando en la embajada española, me recomendaron renunciar a la nacionalidad boliviana y tramitar mi visa de misionero residente. Así lo hice, continué como misionero durante años y nunca imaginé en aquel momento que treinta años más tarde, ya casado con boliviana, con hijas y nieto boliviano, podría adquirir de nuevo la nacionalidad boliviana y ejercer mi derecho a sufragar por nuestros gobernantes.  

Las chuymas[3]

Otro de los momentos interesantes en el trabajo que realizábamos desde Tiwanaku fue la llegada de un grupo de seis religiosas españolas jóvenes. Llegaban a Bolivia con el deseo de acercarse al pueblo, de vivir el mensaje del Concilio Vaticano II y estar con los más necesitados. De ahí que no querían fundar ningún convento ni instalarse en otros que ya existieran.
Chuymas con mis padres por Tiwanaku

Y encontramos un lugar ideal para ellas y para los aymaras: la comunidad de Wakullani, situada junto al lago Titicaca, en donde se había construido recién una escuela para primaria y secundaria. La comunidad aymara había construido unas casas de adobe para los maestros de la escuela. Casas sencillas pero limpias, sin luz eléctrica ni agua corriente, así como vivían los campesinos. El obispo las recibió con alegría[4].

Con la llegada de las chuymas el equipo pastoral de Tiwanaku quedó bastante completo: se ofrecía tanto la preparación de catequistas y diáconos como alfabetización para los adultos, y atención a la salud desde las postas de salud (Tambillo, con las Anas), San Andrés de Machaca (con una enfermera), Jesús de Machaca (con las Misioneras Cruzadas) y Tiwanaku (con las religiosas de los Sagrados Corazones y el grupo de médicos egresados de la UMSA).

Equipo de Tiwanaku confraterniza

Entre búsqueda de identidad religiosa, cambios posibles en la iglesia y gobierno de derechas transcurrieron los año 70’ al 74’. Un hecho nos conmocionó a todo el equipo: la muerte del pionero del grupo, el que había comenzado las primeras visitas en moto y que fue aglutinando a todo el grupo.

Un día, el 22 de marzo de 1974, Gustavo Iturralde fue encontrado muerto de frío en un barracón, en las faldas del majestuoso nevado Wayna Potosí[5].


Este hecho marcaría un antes y un después en el equipo de Tiwanaku. Junto a las grandes experiencias pastorales vividas entre catequistas, diáconos, sacerdotes y religiosas, brotaría también otra experiencia humana e inenarrable: la afectividad, el amor sublimado unas veces, y otras, vivido hasta el matrimonio mismo.


Pero ese hecho será tema de otro capítulo en el camino del caminante.





[1] Si me permiten hablar es el título de la vida de Domitila escrita por la periodista brasileña, Moema Viezzer.
[2] DOP, Dirección de Orden Político, creada durante la dictadura para apresar y torturar a opositores al gobierno.
[3] Las religiosas pertenecían a la congregación del Sagrado Corazón, palabra que en aymara se traduce como  “chuyma”. De ahí que al poco de llegar ya se las comenzó a denominar “las chuymas”.  [4] Como no recordar la expresión del arzobispo de La Paz, cuando fuimos a recibirlas al bajar del tren, alegres y alborotadoras, con sus mochilas al hombro y vistiendo pantalón vaquero: “yo esperaba unas madrecitas y han llegado unas scouts”, exclamó Mns. Manrique. La iglesia tendría que cambiar mucho todavía para adecuarse a los tiempos que se avecinaban…
[5] Wayna, en aymara, significa joven. El nevado tiene una altura de 6.088 mts y atrae a numerosos escaladores.