Visitas en Europa
La experiencia vivida con la ordenación de los
primeros diáconos aymaras casados motivó tanto al equipo pastoral que nos
impulsó a pensar en la ordenación de sacerdotes aymaras casados. Eso ya eran
palabras mayores. El Vaticano podía aceptar a diáconos casados, pero pensar en
sacerdotes iba a romperles su estructura y en Roma no querían oír hablar del
tema. La iglesia aymara además tuvo la importancia de unirse con los aymaras
del Perú y desde Laja pasando por Tiwanaku y Machaca, hasta llegar al altiplano
peruano había un clamor por una iglesia adaptada a nuestra realidad.
En el lado peruano había un gran sacerdote y
estudioso aymara, el padre Domingo Llanque, que unido al obispo de la Diócesis
de Juli propiciaba también todo este movimiento. Lamentablemente, el obispo de
Juli falleció tal vez como resultado del enorme disgusto que sufrió cuando
recibió desde el Vaticano una nota en la que prohibían la ordenación de
sacerdotes aymaras. Según esa nota los aymaras no habían estudiado la sana
teología y mantenían “supersticiones” incompatibles con el sacerdocio. La
mentalidad colonial se mantenía después de cinco siglos de la conquista…
Golpe
militar del 11 de Septiembre de 1973
El mismo día que en Chile se producía el golpe
militar contra la democracia y su presidente, Salvador Allende, el obispo
Adhemar y yo subíamos al vuelo de Iberia procedente de Santiago. Las noticias
eran muy confusas y la tripulación de la nave sólo acertaba a decirnos que ése
era el último vuelo comercial que había podido despegar de Chile. Al llegar a
Lima, en el mismo aeropuerto, una guardia militar se acercó al avión para
comprobar si el presidente Allende estuviera en ese avión. Sólo al aterrizar en
Madrid pudimos conocer con certeza el golpe que se había producido en Chile, la
muerte de Salvador Allende y la instalación en el gobierno de Augusto Pinochet.
| grupo de reflexión en Lovaina-Bélgica |
Mientras unos soñábamos con posibles cambios en
la Iglesia, otros vivirían una larga noche oscura de persecución, tortura y
muerte.
Países Bajos: Bélgica y Holanda
| Amsterdam, con María Pedro y Mns. Adhemar |
Como mencioné en el capítulo anterior, la
Iglesia de los Países Bajos había organizado un encuentro entre europeos y
latinoamericanos, al cual fue invitado el obispo aymara. Dado que yo había
estudiado en Bélgica y conocía el idioma, además de las experiencias
innovadoras que vivía el norte de Europa, acompañé a Adhemar Esquivel, como
traductor.
| con obispo Adhemar y familia belga |
Nos invitaron en Holanda y Alemania para compartir
ese tema. En Ámsterdam, fuimos a la
parroquia universitaria, donde un jesuita y poeta, el P. Oosterhuis
concelebraba todos los domingos una eucaristía ecuménica con sacerdotes casados
y pastores luteranos. Las esposas de los casados estaban también en el altar
junto a sus esposos.
| guitarreando por las calles de Bruselas |
Al momento de la comunión, todos los casados descendían
del altar para repartir el pan de vida a los que participábamos en la inmensa
capilla. Y en ese momento, al ir a comulgar, Adhemar me preguntó cuál de los
ministros concelebrantes era el célibe. Sonreí interiormente. Aunque nuestro
obispo tenía ideas más avanzadas, pero todavía le superaba la posibilidad de
recibir la comunión de un “cura casado”… Le indiqué quién era y yo me dirigí
hacia una de las esposas para recibir de ella la eucaristía.
¡Roma, ciudad eterna!
Así cantaba la gran escritora alemana: Gertrude
von le Fort, a la ciudad donde residían los papas. Pero los tiempos habían
cambiado y la poesía de von le Fort había dado paso a una prosa difícil de
digerir…
Aprovechamos el viaje a Europa para llegar
hasta Roma con el deseo de visitar al Papa (Pablo VI en aquel tiempo) y
exponerle la necesidad de sacerdotes aymaras. Sin embargo, antes de poder
llegar al Papa había que pasar por el cernidor de algunos Cardenales de Roma
que le avisaron, con cara muy seria, a Adhemar:
- Aquí no se habla de eso, el sacerdocio casado
no se permite. Y además -le dijo el
obispo que autorizaba las visitas-
¡usted tiene que venir vestido de obispo!
- ¿Y yo?, me animé a preguntar, vestido con
traje y corbata. Soy su secretario…
- A usted le doy este pase para que se siente
en la fila siete…
Al día siguiente nos dirigimos hacia el
Vaticano, el Obispo Esquivel vestido con todos sus ornamentos tradicionales
para que lo aceptaran en Roma y yo que había recibido el aviso de que no
pensara en acercarme al Papa, ya estaba convencido del fracaso de nuestro
intento.
Adhemar Esquivel llevaba en sus manos el proyecto que habíamos
elaborado en Tiwanaku para entregarlo al Papa; el protocolo del Vaticano sin
embargo no permitió que Pablo VI llegase a hojear dicho proyecto; el Papa lo
recibió en sus manos, el Cardenal secretario del Papa se lo retiró para que no
manchara su pulcra sotana blanca y éste, a su vez, se lo entregó a otro obispo
de menor jerarquía. De mano en mano nunca más supimos de la propuesta
presentada.
Al salir de la visita al Papa le dije a nuestro
Obispo: “Adhemar, ese documento ha ido directamente de
las manos del Cardenal a la papelera; olvídate de él”…
De tal forma, nos
tuvimos que olvidar que, al regresar a Bolivia, algunos colegas obispos le
llamaron la atención a Adhemar por su osadía y unos años más tarde fue
destinado a la ciudad de Tarija, allá donde no podría hablar en aymara más que
con su propio fantasma…
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