sábado, 10 de octubre de 2015

RETAZOS DE UNA VIDA. Cap. 18: En el Vaticano.

Visitas en Europa

La experiencia vivida con la ordenación de los primeros diáconos aymaras casados motivó tanto al equipo pastoral que nos impulsó a pensar en la ordenación de sacerdotes aymaras casados. Eso ya eran palabras mayores. El Vaticano podía aceptar a diáconos casados, pero pensar en sacerdotes iba a romperles su estructura y en Roma no querían oír hablar del tema. La iglesia aymara además tuvo la importancia de unirse con los aymaras del Perú y desde Laja pasando por Tiwanaku y Machaca, hasta llegar al altiplano peruano había un clamor por una iglesia adaptada a nuestra realidad.

En el lado peruano había un gran sacerdote y estudioso aymara, el padre Domingo Llanque, que unido al obispo de la Diócesis de Juli propiciaba también todo este movimiento. Lamentablemente, el obispo de Juli falleció tal vez como resultado del enorme disgusto que sufrió cuando recibió desde el Vaticano una nota en la que prohibían la ordenación de sacerdotes aymaras. Según esa nota los aymaras no habían estudiado la sana teología y mantenían “supersticiones” incompatibles con el sacerdocio. La mentalidad colonial se mantenía después de cinco siglos de la conquista…

Golpe militar del 11 de Septiembre de 1973

El mismo día que en Chile se producía el golpe militar contra la democracia y su presidente, Salvador Allende, el obispo Adhemar y yo subíamos al vuelo de Iberia procedente de Santiago. Las noticias eran muy confusas y la tripulación de la nave sólo acertaba a decirnos que ése era el último vuelo comercial que había podido despegar de Chile. Al llegar a Lima, en el mismo aeropuerto, una guardia militar se acercó al avión para comprobar si el presidente Allende estuviera en ese avión. Sólo al aterrizar en Madrid pudimos conocer con certeza el golpe que se había producido en Chile, la muerte de Salvador Allende y la instalación en el gobierno de Augusto Pinochet.


grupo de reflexión en Lovaina-Bélgica




Mientras unos soñábamos con posibles cambios en la Iglesia, otros vivirían una larga noche oscura de persecución, tortura y muerte.

Países Bajos: Bélgica y Holanda


Amsterdam, con María Pedro y  Mns. Adhemar

Como mencioné en el capítulo anterior, la Iglesia de los Países Bajos había organizado un encuentro entre europeos y latinoamericanos, al cual fue invitado el obispo aymara. Dado que yo había estudiado en Bélgica y conocía el idioma, además de las experiencias innovadoras que vivía el norte de Europa, acompañé a Adhemar Esquivel, como traductor.

Y en Bélgica se nos unió María Pedro, una religiosa mexicana-estadounidense que había sido una de las pioneras en el trabajo con la iglesia aymara. Era importante su presencia en el viaje por Europa, por su dominio del castellano y del inglés. Así, el trío compuesto por un aymara, una estadounidense y un español, nos presentamos en Lovaina con la ponencia: hacia una iglesia aymara, el sacerdocio casado.






con obispo Adhemar y familia belga









Nos invitaron en Holanda y Alemania para compartir ese tema.  En Ámsterdam, fuimos a la parroquia universitaria, donde un jesuita y poeta, el P. Oosterhuis concelebraba todos los domingos una eucaristía ecuménica con sacerdotes casados y pastores luteranos. Las esposas de los casados estaban también en el altar junto a sus esposos. 


guitarreando por las calles de Bruselas




Al momento de la comunión, todos los casados descendían del altar para repartir el pan de vida a los que participábamos en la inmensa capilla. Y en ese momento, al ir a comulgar, Adhemar me preguntó cuál de los ministros concelebrantes era el célibe. Sonreí interiormente. Aunque nuestro obispo tenía ideas más avanzadas, pero todavía le superaba la posibilidad de recibir la comunión de un “cura casado”… Le indiqué quién era y yo me dirigí hacia una de las esposas para recibir de ella la eucaristía.




¡Roma, ciudad eterna!

Así cantaba la gran escritora alemana: Gertrude von le Fort, a la ciudad donde residían los papas. Pero los tiempos habían cambiado y la poesía de von le Fort había dado paso a una prosa difícil de digerir…

Aprovechamos el viaje a Europa para llegar hasta Roma con el deseo de visitar al Papa (Pablo VI en aquel tiempo) y exponerle la necesidad de sacerdotes aymaras. Sin embargo, antes de poder llegar al Papa había que pasar por el cernidor de algunos Cardenales de Roma que le avisaron, con cara muy seria, a Adhemar:

- Aquí no se habla de eso, el sacerdocio casado no se permite. Y además  -le dijo el obispo que autorizaba las visitas-  ¡usted tiene que venir vestido de obispo!
- ¿Y yo?, me animé a preguntar, vestido con traje y corbata. Soy su secretario…
- A usted le doy este pase para que se siente en la fila siete…

Al día siguiente nos dirigimos hacia el Vaticano, el Obispo Esquivel vestido con todos sus ornamentos tradicionales para que lo aceptaran en Roma y yo que había recibido el aviso de que no pensara en acercarme al Papa, ya estaba convencido del fracaso de nuestro intento. 

Adhemar Esquivel llevaba en sus manos el proyecto que habíamos elaborado en Tiwanaku para entregarlo al Papa; el protocolo del Vaticano sin embargo no permitió que Pablo VI llegase a hojear dicho proyecto; el Papa lo recibió en sus manos, el Cardenal secretario del Papa se lo retiró para que no manchara su pulcra sotana blanca y éste, a su vez, se lo entregó a otro obispo de menor jerarquía. De mano en mano nunca más supimos de la propuesta presentada.

Al salir de la visita al Papa le dije a nuestro Obispo: “Adhemar, ese documento ha ido directamente de las manos del Cardenal a la papelera; olvídate de él”… 

De tal forma, nos tuvimos que olvidar que, al regresar a Bolivia, algunos colegas obispos le llamaron la atención a Adhemar por su osadía y unos años más tarde fue destinado a la ciudad de Tarija, allá donde no podría hablar en aymara más que con su propio fantasma…








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